Un mes

11 04 2010

Hoy, 11 de abril, se cumple un mes exacto desde que Sebastián Piñera asumiera la presidencia de Chile. Ese día, ante la mirada incrédula de Evo Morales, Lugo y Uribe, la tierra se nos seguía moviendo real y metafóricamente. Ese día, Uribe (visionario él) quiso salir arrancando del Congreso, muerto de susto porque podía venírsele el techo abajo. Él logró escapar. Lo que es nosotros, buscamos algún espacio dejado por una teja para sacar las manos, respirar, y seguir con nuestra vida diaria.

Lo primero que puedo sacar en limpio de este mes, es que creo que quienes votaron por él se están dando cuenta de que la “teoría del chorreo” no será el indicador con el cual medir las acciones del gobierno y, especialmente, del presidente. Que los $5.000 millones de su patrimonio seguirán ahí, guardados. Al final de los 4 años, incluso podrían sumar más. Lo que sí es seguro, es que nada de ese dinero se convertirá en un bono jugoso que se repartirá entre los que tienen menos, como piensan muchos de los compatriotas que llenan los blogs y foros de diarios electrónicos defendiendo lo indefendible con frases como “si a él le va bien, a todos nos va bien”. Corrección. Ya en los 80′s a Piñera le iba bien y creo que no vale la pena recordar cómo le iba al resto de los chilenos.

El otro día le dije a mi padre – único cercano querido que votó por Piñera- que le iba a cobrar a él cada peso del “crédito blando” que me iban a obligar a tomar para poder estudiar en el extranjero. Como era de suponer, el periodismo no es de las carreras rentables que se adjudican el derecho a beneficios para la especialización. Claro, especialización en qué, alguien podría preguntarse.

En este mes también pude ver con horror cómo se arma un gobierno “con lo que va quedando”. Las opciones del presidente se reducen a un puñado de bandidos, pequeños estafadores y profesionales de medio pelo. Los otros están demasiado cómodos en sus sillones ejecutivos y sus oficinas con vista al cerro San Cristóbal o al parque araucano, como para cambiarse a una oficina pintada de algún horroroso color en alguna repartición pública, con un sueldo muy inferior al acostumbrado y poco tiempo libre para la diversión y los eventos sociales. Además, con todas las licitaciones evadidas, los respectivos negocios tendrán sus mayores alzas durante los próximos 4 años, sobre todo en las áreas que toquen la reconstrucción, la salud y la educación.

Es como si hubiera pasado un siglo, ¿no? Pero no, llevamos recién un mes.

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